lunes, 20 de noviembre de 2017
Taller filosófico-literario
- Por: María Herrero Rodríguez, Profesora de Filosofía
23/10/2017 - 59 Visitas


La filosofía cobra vida en Baena.

En la tarde-noche del martes pasado, un grupo de más de veinte personas decidió dedicar un rato de su tiempo al ejercicio de pensar. El martes pasado, la filosofía cobró vida en Baena.

La biblioteca municipal cedió su espacio para que los que allí estábamos pudiéramos vivenciar un intento de diálogo dirigido por la filósofa práctica María Herrero, profesora de nuestro centro, yo misma.

Imagino diversas razones por las que estas personas acudieron a la propuesta, pero estoy segura de que todas ellas tenían mucho en común: apuestan por la cultura, tienen inquietudes, son curiosos/as, quieren aprender, saber más; quieren divertirse, entenderse.

Lo sorprendente es que creo que consiguieron crear un ambiente en el que algunas de estas cosas tuvieron su lugar y lo hicieron utilizando solamente ideas y palabras.

El ejercicio, en el que prácticamente todo el mundo participó, se articulaba como lo hace un juego, con unas sencillas reglas que todos y todas tuvieron la buena voluntad de cumplir. Unas reglas que pretenden favorecer la construcción de una idea a través del diálogo. No se trató de una suerte de puesta en común de opiniones sobre un tema, sino que más bien practicamos la contención, la paciencia, la escucha activa, el nivel de atención, el razonamiento.

Experimentamos la dificultad de entender adecuadamente lo que otros dicen e incluso lo que nosotros mismos queremos decir, dándonos cuenta de que muchos de los problemas que tenemos en la vida derivan de la comunicación: damos muchas cosas por supuesto, justificamos nuestras palabras con la intención que creemos implicar en ellas, creemos entender algo pero somos incapaces de explicarnos, rellenamos huecos vacíos en nuestros razonamientos sin preocuparnos mucho de lo que estamos expresando, etc.

Pero creo que lo que más difícil de asimilar resultó en el proceso fue la sensación de saber que, aunque tuviéramos el anhelo de llegar a alguna conclusión, sabíamos que no sucedería, que lo importante allí era el camino y no la meta. Por eso no importa mucho de qué estuvimos hablando, sino de qué forma lo hicimos. La excusa (recurso) que utilizamos fue una breve lectura acompañada de una pregunta.

Para el que se lo esté preguntando, todo el trabajo allí realizado no requirió ni de conocimientos específicos de la filosofía, ni de experiencia previa, lo que permite la participación de todo tipo de público.

En definitiva, fue una tarde estupenda y me siento muy agradecida por la oportunidad, la acogida, la participación y el entusiasmo mostrado.

Es probable, por todo lo anterior, que podamos repetir la experiencia próximamente, así que te animo a que te unas para que este espacio de pensamiento en Baena sea cada vez más real.

 

 

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