miércoles, 23 de agosto de 2017
Palabras de Graduación
- Por: Vanessa García Rojas, 2º de Bachillerato
09/06/2017 - 118 Visitas


Para resumir y hacer balance de todo el tiempo que llevamos aquí.

Buenas tardes a todos:

Estoy aquí como otros compañeros míos han estado años atrás para resumir y hacer balance de todo el tiempo que llevamos aquí.

Pero la realidad es, que no sé si seré capaz de llegar a tanto, es que hoy hace quince años que estaba entrando por primera vez por la puerta de este colegio. Quince años que no son nada más y nada menos que 2275 días de clase.

Yo y todos los que están ahí sentados entramos temerosos, de la mano de nuestro padre o de nuestra madre, la cual estaba sudorosa de cogerla tan fuerte.

Entonces todo pasaba lentamente, deseábamos que llegase el momento en que nos echasen colonia y nos repeinasen porque era señal de que íbamos a volver a casa.

Pero… de repente, un día abrimos los ojos a las ocho de la mañana y nos dimos cuenta de que no nos pesaba volver a este sitio y que cuando nos decían que ya eran las dos, nos daba pena irnos.

Cada clase, cada pasillo, cada suelo, todo está lleno de los ecos de nuestras risas, de nuestras huellas mojadas en invierno, de nuestros gritos, de nuestra alma.

Aquel tiempo en el que ir al pueblo de al lado a dormir en un albergue era un aventura, aquel tiempo en el que, que te dejasen en par de horas solo por una ciudad era un escándalo, ha sido sustituido por un tiempo en el que nos despertamos solos y no parecemos tener un límite de energía.

En estos años hemos pasado por musicales, por comidas en Mc Donald’s a las tres de la mañana, por paseos de maletas en mitad del pasillo, y por noches tan largas que se convierten en día y tu cuerpo no lleva a cuestas ni una hora de sueño.

Es cierto que no todos empezamos juntos, también que muchos se han soltado por el camino, pero lo que no se puede negar, ni remediar es que hemos creado una familia única.

Una que calla cuando alguien llora y después le seca las lágrimas y le dice que todo está bien. Una que te abraza por los pasillos y que te dice “te quiero” cuando lo necesitas.

Los cuerpos cambian, las mentes maduran y las metas parecen inalcanzables hasta que las tenemos en las manos.

Me gustaría agradecer a todas las familias aquí presentes, que nos han enseñado a cada uno de nosotros a ser como somos, a hablar como hablamos, y a querer como queremos.

También resalto el trabajo de todos estos profesores y el de los que ya no están aquí porque aunque a veces nos haya costado, intentan transmitirnos todo el conocimiento que poseen sabiendo que de aquí saldrá gente grande.

Todos recordaremos el balanceo del porta tizas de José Antonio cuando se rasca la frente para pensar, o la puntualidad que necesita Elisabeth, haciendo pensar que su reloj está adelantado. El recordatorio constante de la llegada de selectividad de Mari Carmen Baena, la prisa de Marisa al pedir los comentarios, los infinitos proyectos de Chiqui y Don Javier, o el “venga tesorines” de Don José. Y claro está cuando sor Rosario nos llama “bichitos de luz”.

También agradecer el trabajo de Eva y María, que han tenido que disuadir todas nuestras disputas y nos han cuidado concienzudamente.

Sé que todos lo hemos pasado mal, que todos hemos llorado aquí, y también hemos llorado fuera por cosas que ocurren aquí dentro.

Sé que a veces hemos sentido que las cosas no van a mejorar, que van cuesta abajo, de culo y sin frenos como dice José Luis, pero no es verdad.

La verdad es que vayamos donde vayamos, hagamos lo que hagamos y acabemos donde acabemos, seguiremos siendo capaces de coger nuestra vida de las manos y llevarla a donde necesitemos.

Que de vez en cuando nos llegará un mensaje diciendo “¿Cómo os va?” o “podríamos vernos esta Navidad”.

Como dijo un músico al que admiro; “Donde fuiste feliz siempre regresarás”.

Así que ojalá, dentro de muchos años sigamos regresando aquí, corpóreamente o solo con la imaginación porque donde hubo amor, recuerdos quedan.

Porque como dice Sor Rosario, quizá allá donde vayamos solo lleguemos a ser números en un listado, pero aquí somos familia.

Ahora me doy cuenta que esos 2275 días que nombraba al principio pueden caber en algo tan pequeño como nuestro corazón.

Solo me queda decir que, mamá, papá, padres y madres, profesores y profesoras, gracias por brindarnos estos años.

Compañeros, gracias por hacer de esto la mejor aventura de mi vida. Os quiero.

 

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